Nueva pareja, nuevos acuerdos

 

Como siempre me gusta decir cuando nos enfrentamos a una nueva relación de pareja: “olvídate tanto de las cosas que funcionaban como de las que no lo hacían en cualquier otra relación anterior y prepárate para aprender un camino diferente”. Esto no es fácil sobre todo con la edad, ya que conforme cumplimos años vamos adquiriendo costumbres y “manías” que son cada vez más complicadas de erradicar, y con una nueva pareja –que también tiene las suyas- todo parece más caótico. Acoplarse es un proceso que para muchos no cuesta trabajo, sin embargo para otros es un auténtico desafío que en ocasiones, lleva a la consulta de un psicólogo para tratar de encontrar un punto de unión que no les lleve a la ruptura. 

Lo más importante cuando se da este tipo de casos es la voluntad de involucrarse en los cambios –que los habrá- con respecto a las propias actitudes, pensamientos y emociones, además de priorizar la relación de pareja por encima de cualquier otra cosa. Con estos dos ingredientes podemos empezar a cocinar una maravillosa relación de confianza, respeto y comunicación que nos llevará a conseguir un buen entendimiento entre ambos, ante cualquier situación. Y digo cualquier situación porque lo más difícil es hacerlo cuando entran en juego los conflictos. Durante estos momentos no sabemos qué quiere el otro –que tampoco lo dice-, qué desea, qué le molesta, en qué es capaz de ceder, cómo debemos actuar, etc… lo cual unido a la impaciencia y la tensión puede generar que nuestra cabeza sea una olla exprés a punto de estallar, perdamos el norte y acabemos por discutir incluso de cosas que no vienen al caso, cuando no empezamos a sacar trapos sucios y ¡sálvese quien pueda!

Ya sabemos que las diferencias entre hombres y mujeres no se limitan al aspecto físico, son mucho más profundas y tienen que ver con esos pensamientos, emociones y comportamientos que he mencionado arriba –está científicamente demostrado que las mismas áreas cerebrales se comportan de forma distinta en el cerebro masculino y femenino- ¿Por qué digo esto? Esas diferencias, ya en un principio pueden dificultar en extremo la convivencia y la comunicación, pero todo se complica más si no empezamos a entender que, ante una nueva pareja, completamente distinta de la anterior, estas diferencias se unen a nuestros hábitos pasados y es cuando aparecen los problemas de acoplamiento, tanto emocional como de convivencia.

Existen unas pautas o herramientas que pueden ayudarnos en el objetivo de llevarse mejor, aumentar las coincidencias y disminuir las discrepancias para discutir menos y llegar a acuerdos para alcanzar la relación que queremos con la otra persona. Son algunas claves para comenzar desde un mismo punto de partida para caminar juntos, como un equipo.

  •  El pasado no existe. Si aparece, que sea para extraer lo aprendido de nuestros errores y sacar el jugo más positivo posible. Nunca para echar en cara y hurgar en  heridas ya cerradas.
  •  El futuro tampoco existe. Si, has leído bien. “ESTE MISMO MOMENTO”  es el único que “ES” y es aquí donde hay que implicarse al máximo, con todos nuestros sentidos.
  •    Encontrar espacios y situaciones apropiados para establecer acuerdos y nunca bajo una tensión emocional extrema, cansancio o agresividad.
  • No imponer. Tratar siempre de ponerse en el lugar del otro y no esperar que reaccione, se comporte, piense o sienta como nuestra ex pareja.

Si aun así, no se encuentran puntos de encuentro por más que se intente –por el motivo que sea- es absurdo seguir sufriendo o con una relación imposible. Las parejas incompatibles, existen.